miércoles, 21 de septiembre de 2011

En el Fondo del Pozo



Arriba flota la luz, recortada, redonda. Es el cielo del atardecer. Mirándolo, pienso en el mundo a esa hora del atardecer del mes de octubre. Allí debe de haber una vida con gente. Bajo esa luz tenue, la gente camina por las calles, hace compras, prepara la comida, se dirige a su casa en tren. Y piensan que es algo que no merece ser siquiera pensado. O ni siquiera lo piensan. Como yo hacía antes. Ellos poseen esa identidad imprecisa de quienes pueden denominarse "gente". Yo era uno de ellos, sin nombre. Bajo esa luz, a gente acepta gente, la gente es aceptada por la gente. Allí hay sin duda, una especie de intimidad envuelta en luz, quizá duradera, quizá transitoria. Yo ya no me incluyo entre ellos. Pues están en la superficie de la tierra y yo estoy a punto de perderla. A veces pienso que ya no podré volver jamás a ese mundo. Tal vez nunca vuelva a sentir el sosiego de estar envuelto en luz. Tal vez nunca pueda volver a abrazar el cuerpo blando del gato. Cuando pienso estas cosas, siento un dolor sordo, como si algo me oprimiera el pecho.

Pero mientras trazo círculos sobre el suelo blando con la suela del tenis, la escena de la superficie de la tierra se va alejando de mí. La sensación de realidad se debilita poco a poco y, en su lugar, empieza a envolverme la intimidad del pozo. El fondo del pozo es cálido, silencioso, la ternura de la tierra profunda apacigua mi piel. El dolor que hay en mi pecho va extinguiéndose como se extinguen las ondas en la superficie del agua. Ese lugar me acoge y yo acojo ese lugar.

Fragmento de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" de Haruki Murakami

1 comentario:

claudia elena dijo...

HAY algo en el aire...
(quiero leer más haruki murakami)
abrazo.